29 oct. 2012

Lara Almarcegui

 
Lara Almarcegui (Zaragoza, 1972,) investiga la relación entre la naturaleza y el paisaje urbano. Recientemente se pesan y registran los espacios abiertos de diferentes ciudades.

Desde siempre, teóricos e historiadores se han preguntado por los límites y el origen del arte, dónde se prepara el surgimiento de la imagen pictórica y el marco físico que la aísla, relegándola a un lugar más allá del cual se libera el mundo real. Leon Battista Alberti nos recuerda los orígenes de la representación: “Solía decirle a mis amigos, de acuerdo con la sentencia de los poetas, que el primer inventor de la pintura había sido aquel Narciso convertido en flor; y dado que la pintura es la flor de todas las artes, así la historia de Narciso se acomoda a nuestro propósito perfectamente. Pues, ¿qué es pintar, sino abarcar con el arte la superficie de una fuente?” (De Pictura). 





 
     Al contemplar un "monumento" en su lugar originario (tal como hacemos frente a un templo o una catedral) el mundo al que pertenecían ha desaparecido con el paso del tiempo. Las obras ya no son lo que eran, aunque se nos vengan encima como "seres que ya han sido". En la obra que nace siempre está presente la tierra como ocultante protectora. Los earthworks de Lara Almarcegui – sus antimonumentos- ilustran a la perfección la naturaleza del marco artístico y el “tiempo como decadencia”. En 2008, la artista “pesó” los Materiales de construcción de la ciudad de Sao Paulo como crítica al crecimiento acelerado de la ciudad. En “Montaña para Benlloch: Tierra de las obras del gaseoducto”, producida en 2012 por el EACC de Castellón, llevó a su término la transformación de la escultura, que pasa de un ideal monumentalizado y estático a un objeto o masa en movimiento temporal y material.
     Para construir su montaña, Almarcegui reutilizó el material bruto de la naturaleza, la tierra sobrante de las excavaciones hechas para construir un gaseoducto de 6 kms. que transcurre paralelo a la carretera VC10 en una franja de terreno de 26 metros de ancho en el término municipal de Benlloch, en unos campos dedicados en su mayor parte al cultivo de cereal, viñedos, almendros y olivares. El volumen de la obra era el mismo que el del material que había quedado tras las excavaciones, 150 m3 de tierra del subsuelo, y estaba compuesto de arcillas arenosas, limos y piedra caliza, que es el tipo de material de construcción habitual de la zona. En este acto de descentramiento, el observador se proyecta en el espacio de una escultura que con el tiempo se transforma, cubriéndose de vegetación, suavizando su forma a medida que el montículo se mezcla con el terreno y desapareciendo finalmente por su propia dinámica entrópica. 

El cuerpo del espectador es el tema de esta obra expandida, aun cuando esta escultura se compone simplemente de varios cientos de kilos de tierra. Porque se trata de entender cómo afecta a una comunidad el paso de las grandes infraestructuras y cómo una población se relaciona con los detritos de su pasado. “Montaña...” es también una alternativa a la imagen estática que nos proporciona la postal de un enclave determinado. Sólo mirando lo que estaba oculto bajo nuestros pies podemos formarnos una imagen del espacio que habitamos, ese espejo del que extraemos una imagen diferente de nosotros mismos. El subsuelo, con toda su historia y prehistoria, se incorpora al nuevo formato artístico, una nueva pintura refleja nuestra imagen con un sentido y motivo nuevos. Abarcar la superficie de una fuente.
 Lara Almárcegui es una de las artistas españolas con mayor presencia internacional. En su obra parte de la investigación de la ciudad contemporánea y de sus ruinas modernas: edificios abandonados o en vías de transformación, descampados, huertas y espacios desocupados que, si bien se insertan en el paisaje urbano, son habitualmente considerados como ajenos al mismo. Ha participado en algunos de los eventos internacionales de arte contemporáneo más importantes de la última década, gracias a proyectos como sus guías de ruinas en Holanda o Borgoña, sobre descampados urbanos en Londres o Sao Paulo o trabajos con montañas de escombros en Viena o Dijon. Representará a España en la 55ª Bienal de Arte de Venecia en 2013






 

25 oct. 2012

Brad Wilson

 


 Retratos de animales El fotógrafo estadounidense Brad Wilson decidió cambiar de escenario para fotografiar la naturaleza. Llevó a animales a un estudio.





Al  posar, los animales muestran un costado de su naturaleza que no es posible captar fuera de un estudio. El resultado es una fotografía que le permite a quien la observa focalizarse enteramente en el sujeto y sus peculiaridades.
Las fotos de Wilson pertenecen a la muestra "Affinity" ("Afinidad"), que puede verse en la galería británica hasta diciembre.
Los animales, fotografiados con un nivel de detalle sorprendente, no están tan desacostumbrados a posar como podría parecer: muchos han participado en películas y han sido retratados anteriormente.
La pose de este chimpancé resulta tan humana como la de una persona.
La fiereza inhumana del león se convierte en un gesto lleno de sentimiento cuando el rey de la selva es retratado en un estudio.
Después de exponer en Londres, Wilson llevará sus fotografías a París, donde podrán ser vistas a partir de diciembre.
El nivel de realismo capturado por el fotógrafo es algo pocas veces visto en el mundo animal. Los retratados muestran su lado más "humano" en un ambiente totalmente ajeno.

22 oct. 2012

Nils-Udo



La obra de Nils-Udo está íntimamente ligada a la naturaleza desde perspectivas diversas: desde la pura vivencia y el contacto con el paisaje y con el medio natural, pasando por ciertas afinidades con la tradición del land-art como corriente artística desarrollada desde los años sesenta, hasta la consideración y reivindicación de los propios elementos de la naturaleza como materia prima de su obra. Troncos, piedras, flores, hojas, arena, sal, entre otros muchos, son los materiales con los que Nils-Udo trabaja e interviene con sus propias manos, para transformarlos en alegorías, metáforas y símbolos de una innegable riqueza visual, combinada con una alta intensidad poética. Estas intervenciones y manipulaciones, escrupulosamente respetuosas con el medio ambiente, son después registradas por su cámara para convertirse en obra fotográfica que recoge estas alquimias ecológicas, arreglos y escenografías premeditados, pero, al mismo tiempo, convertidos también en momentos únicos por la acción fotográfica.


Desde hace ya treinta años el artista Nils-Udo deja regularmente su lugar de residencia habitual, la Alta Baviera alemana, para trabajar por todo el mundo: Estados Unidos, Japón, Irlanda, Isla Reunión, Lanzarote… Aunque sus fotografías, pinturas e instalaciones tienen ciertas afinidades superficiales con el land art, Nils-Udo es, ante todo, el principal representante de una nueva categoría de artistas que trabajan en y con la naturaleza, haciendo gala de un estricto respeto por el medio ambiente.




¿Qué le parece más apropiado para analizar su trabajo, hablar de un intento de «integración» en esa naturaleza o más bien de «intervención»?
Los dos conceptos son válidos. Mi intención siempre ha sido mostrar aquello que ya existía y, simplemente, he buscado un pretexto para hacerlo. Por eso trato de integrarme de la manera más leve, de estar lo menos presente que me sea posible para lograr abrir un espacio natural y transformarlo suavemente en una obra de arte sin apenas modificarlo o sin modificarlo en absoluto. Lo que quiero es llamar la atención del espectador sobre los fenómenos naturales que sitúo en el marco de una instalación. No obstante, lo cierto es que también estamos forzados a actuar, a intervenir. Con un mínimo gesto, ya estamos presentes, lo queramos o no. Y además, siempre dañamos y destruimos. Hablar de intervención implica necesariamente hablar de destrucción. De manera que todo mi trabajo se basa, de algún modo, en una contradicción fundamental: al actuar sobre la naturaleza, la daño a pesar de mí mismo, daño aquello que quiero mostrar.


Su último viaje ha sido a Venezuela. ¿Qué ha hecho allí?
Llegué allí sin prejuicio alguno, sin ideas preconcebidas. Tenía sólo una semana para hacer algo: ¡muy poco tiempo! En seguida descubrí los magníficos manglares y el segundo día por la noche ya había decidido que mi trabajo consistiría en hacer algo con las famosas raíces del mangle. Pero, desafortunadamente –o, mejor dicho, afortunadamente–, todas las raíces de los manglares de la región están protegidas. Así que dos días antes de mostrar la obra decidí trabajar con un mangle sin tocarlo. Puse tierra alrededor de la las raíces que el mangle tenía en tierra firme y dibujé con arena calcárea muy blanca, siguiendo la forma de las raíces, imitando el movimiento del agua, que cubría la otra mitad de la base del árbol. Mi dibujo en el suelo mostraba el ir y venir del agua y pretendía ensalzar esa magnífica planta, recortarla del paisaje.

21 oct. 2012

¿Por qué critican los críticos?

La revista británica Frieze ha preguntado a una serie de especialistas del arte de toda Europa su opinión sobre el valor de la crítica artística. ¿Por qué critican los críticos? Esta fue mi aportación

Javier Díaz-Guardiola. ABC Cultural. Madrid, España

¿Puede una crítica negativa influir en la obra de un artista? Me temo que no. De hecho, ustedes en el Reino Unido tienen un ejemplo relativamente reciente. Me refiero a la exposición de Damien Hirst en la Tate, una muestra que buena parte de los textos críticos elaborados por la prensa anglosajona no ha dudado en dejar a la altura del betún. Algunos días después de que esas publicaciones vieran la luz, la economía británica entraba en recesión, pero imagino que poco tuvo que ver en ese estancamiento lo que unos cuantos críticos de arte habían expresado en sus reseñas. Por si alguno se temía lo peor, las finanzas del señor Hirst tampoco se vieron alteradas lo más mínimo.

¿Puede entonces una crítica elogiosa influir en la obra de un artista? Es probable. Pongamos el ejemplo de otro artista mediático. El del chino Ai Weiwei. Yo tuve el placer de entrevistarlo en Madrid cuando aún no era ni la mitad de famoso que es ahora (y que conste que yo no soy tan mayor). Luego, con él llegó el escándalo, y se convirtió (aún más) en el artista disidente al régimen comunista en su país. Y se sucedieron su detención, su desaparición y los ríos de tinta en la prensa de masas y en la especializada… Y con ello, sus famosas pipas de porcelana (las mismas que la gente se llevaba a puñados de la Sala de las Turbinas de la Tate) empezaron a venderse en toda feria internacional que se preciara al precio de los diamantes de la calavera del señor Hirst…

El artista chino Ai Weiwei en la Tate

Solo queda preguntarse, ¿puede influir una crítica en la obra de un artista? Ante la complejidad que ha adquirido el mundo del arte en las últimas décadas, cada vez se hace más necesaria la labor del crítico para separar el grano de la paja, para poner orden entre lo que merece la pena y lo que no. Ahora bien, el mercado del arte, como todo sistema que se precie, ha terminado por convertir la crítica en un mecanismo a su servicio. El antisistema no sabe que forma parte del sistema y que este lo necesita. Ante este panorama, al crítico solo le queda como opción tratar de ser lo más honesto posible; hacer su trabajo entre el ruido y la vorágine, teniendo en mente más a su indeterminado e impreciso lector que al bien definido galerista o director de museo; escribir sabiendo que el arte no es una ciencia exacta, de forma que sus resultados no coincidirán necesariamente con los de los demás colegas… Es eso, o romper el espejito de un puñetazo.

Javier Díaz-Guardiola (Madrid, 1976) es licenciado en periodismo, crítico de arte y comisario de exposiciones. En la actualidad coordina la sección de arte y arquitectura de ABC Cultural, la revista de cultura del diario ABC en España y colabora puntualmente con otras publicaciones del sector.

12 oct. 2012

Fernado García-Dory líder en el campo del arte socialmente comprometido, recibe en Nueva York el Premio Leonore Annenberg de Arte y Cambio Social

Fernado García-Dory (Madrid, 1978)es un artista español, activista y arqueólogo que explora en su obra la relación entre la cultura contemporánea y el mundo natural. Investiga los impactos y la mirada del capitalismo posindustrial en las comunidades rurales y paisajes. Impulsado por la creencia de que el arte debe ser “proactivo, no sólo una acción reactiva”, Fernando García-Dory se ha convertido en un líder en el campo del arte socialmente comprometido y pionero de un nuevo campo de relación entre el arte y la arqueología. A partir de 2004, con su proyecto de la Escuela de Pastores en los Picos de Europa (Asturias, España), García-Dory ha representado y dado voz a nivel mundial a una población de aproximadamente 250 millones, compuesta mayoritariamente por las extensas comunidades de pastores y pueblos nómadas.

En 2007, el artista organizó una conferencia que reunió a 200 representantes de las comunidades de pastores nómadas y trashumantes de cuarenta y cuatro países. La intención del proyecto era servir de plataforma para el debate y el “reconocimiento mutuo” entre estos grupos. Rápidamente se convirtió en mucho más: la reunión organizada por García-Dory dio lugar a la creación de la Alianza Mundial de Puelbos Indígenas Móviles (World Alliance of Mobile Indigenous Pastoralists, WAMIP), una organización global sin precedentes que ofrece a escala internacional representación y defensa a estas comunidades.El  Premio Leonore Annenberg de Arte y Cambio Social (Leonore Annenberg Prize for Art and Social Change) es un premio anual de 25.000 dólares que cuenta con el apoyo de la Fundación Annenberg, y que presenta cada año en la Cumbre de Creative Time a un artista que haya dedicado su trabajo o su vida a la promoción de la justicia social. El Premio se concede gracias a la generosidad de la señora Annenberg. En honor a la señora Annenberg, su nieta y miembro de junta de Creative Time, Elizabeth K. Kabler, promueve el premio desde su creación.

6 oct. 2012

Gabriela Albergaria

 Gabriela Albergaria (Portugal),
 Trabaja con la naturaleza y su representación/recreación, y para ello utiliza muy distintas técnicas: instalaciones, intervenciones, maquetas, dibujo y fotografía. Todo ello se corresponde con visiones en cierta forma idealizadas de una naturaleza que la artista domestica a partir de su propia subjetividad y que filtra a través del paso del tiempo, del peso de la emoción y del ejercicio de la razón. En la obra de Gabriela está presente esta oposición entre lo real y lo artificial. En gran medida la idea de Naturaleza en el arte se ha conformado gracias a representaciones de paisajes aparentemente reales, pero que se componían de fragmentos de realidad ensamblados por el artista en su estudio dando como resultado un paisaje ideal. La artista cuestiona la relación entre Naturaleza (bien sea salvaje o construida) y la viabilidad de su representación. Pero no sólo reflexiona sobre la representación, si no también sobre los usos del paisaje, la naturaleza y el jardín.

Obra da artista portuguesa Gabriela Albergaria investiga relações entre natureza selvagem e controlada
El artista hace uso del procedimiento de corte de la escena en marcos pequeños, para articular los diferentes conceptos. Compuesto por 16 piezas, el dibujo y la fotografía, el políptico "Necesidades Tapada" (2009) representa dos árboles originarios de dos partes distantes del mundo plantado en el mismo jardín. Un asiático y otros países europeos, tanto crecen entrelazadas, que viven en la "tolerancia". "Siempre estuve interesado colonización por plantas en otros lugares. Es posible trazar mapas geopolíticos de la observación de los jardines ", dice Gabriela, que investiga en los jardines de Europa y fuera de cómo las diferentes culturas dan forma a la naturaleza. Sus obras - que se refiere como "ficción" - documental nunca presentan un eterno enfrentamiento entre la naturaleza salvaje y controlada.


( Participa Bienal Montevideo)

4 oct. 2012

Lida Abdul

  Nacida en Kabul, Afganistán, en 1973, y reside allí. Abdul vivió en Alemania y la India como refugiado después de que ella se vio obligada a salir de Afganistán después de la invasión ex-soviético. Su trabajo fusiona los tropos de "occidental" formalismo con las numerosas tradiciones estéticas - islámicas, budistas, hindúes, paganos y nómada - que en conjunto influido en el arte y la cultura afgana. Se ha realizado un trabajo en muchos medios de comunicación, como vídeo, cine, fotografía, instalación y performance en vivo. Su trabajo más reciente ha sido presentado en la Bienal de Venecia 2005,







Brick Sellers of Kabul 2006 16mm film transfer Courtesy of the artis
Lida Abdul crea espacios poéticos que permiten al espectador a cuestionar lo familiar y lo personal. Su labor se guía por un formalismo ritual que insinúa la inmediatez del mito y la alegría de una mente que busca entender el mundo que nos rodea. En muchos sentidos, el testimonio de sus piezas es como tratar de entender los misterios de los gestos y las repeticiones que ponen de relieve su labor. Abdul   invita al espectador a ver el desarrollo de nuevas formas, pero nunca resuelve las contradicciones y paradojas, el propósito de que parece ser que nos haga dudar de nuestras pretensiones de conocimiento.
In Transit 2006 16mm film transfer
 ( Participa en la Bienal de Montevideo)

3 oct. 2012

Arte Británico

 LA ISLA DEL TESORO  La muestra, que podrá visitarse desde el 5 de octubre en la Fundación Juan March de Madrid, reúne 180 piezas (pinturas, esculturas, obra sobre papel, libros, revistas y fotografías) realizadas por más de un centenar de artistas, y procedentes de diversas colecciones e instituciones norteamericanas y europeas, principalmente británicas.  Un recorrido estético con abundantes referencias literarias: todo un caudal de obras, que abraza más de cinco siglos de arte británico, desde la iconoclastia de los puritanos del siglo XVI y la pintura civil de Hans Holbein, hasta la obra de verdaderos iconos del arte inglés de los sesenta a los ochenta del pasado siglo como Henry Moore, Francis Bacon, David Hockney, Peter Blake, Richard Hamilton o Richard Long.
El título de la exposción hace eco de la novela homónima del escritor británico Robert Louis Stevenson: la isla tiene un tesoro (su arte, su pintura y escultura) que, como casi todos los tesoros, está aún medio oculto y por descubrir. La perspectiva adoptada para la muestra ha sido la de los lugares geográficos y la idea que subyace a este proyecto es que se gana mayor conocimiento cuando se inquiere dónde estaba y dónde está el arte británico, (en lugar de qué era y qué es) durante sus cinco siglos de historia. Con el objetivo de dar a conocer los tesoros del arte ligados a la isla, La isla del tesoro. Arte británico de Holbein a Hockney presenta una serie de obras como claves maestras para conocer y entender el arte británico, y con las que se articula un relato que pone de manifiesto la fuerza y significación particular de muchos artistas y de sus obras. Todo el caudal de obras y artistas está organizado en la exposición en secciones, correspondientes a otros tantos cortes de época, desde Destrucción y Reforma (1520-1620) hasta Un mundo feliz (1945-1980).
James Abbott. Nocturno: azul y plata-luz de Cremorne, 1872