3 may. 2010

Armando Andrade Tudela




«Detrás de cada adicto hay una historia que contar».
Así reza el eslogan de la Fundación Synanon, creada en 1958 en Santa Mónica (California) por Chuck Dederich, antiguo miembro de Alcohólicos Anónimos. Se trata de una institución pionera en el tratamiento de la adicción, una colonia sin médicos dedicada a la autoayuda. Synanon, cuyo nombre es una síntesis de los términos ingleses symposium y seminar, fue un proyecto en sintonía con el espíritu utópico que animó buena parte de la década de los sesenta y que ahora sirve al artista peruano afincado en Berlín Armando Andrade Tudela (Lima, 1975) como punto de partida para su nueva película.
Este filme se presenta en la Capella MACBA junto a otro, también inédito, sobre un curioso bosque de piedras situado en Marcahuasi (Perú) que es el epicentro del movimiento hippie de ese país, así como un singular catálogo de formas que configuran un extraño canon de escultura natural. Ambas películas se presentan integradas en un espacio arquitectónico diseñado por el propio artista y que puede leerse como una obra más en formato escultórico. Asimismo, se exhibirá una cuarta obra, ésta antigua, con el título Casas alteradas (2006).
Andrade Tudela utiliza la escultura, la fotografía y el dibujo. Su obra se acerca de una forma analítica, aunque no por ello carente de sentido del humor, a las diferentes «derivas» de los lenguajes formales y semánticos de la modernidad.

La elección de Andrade Tudela para inaugurar esta nueva serie de exposiciones no es casual. Precisamente, su obra indaga en la vida de las formas, en cómo el lenguaje depurado de formas y significados de la modernidad ha sufrido múltiples transformaciones y reaparece, una y otra vez, en los contextos más inusitados. Espacios singulares como talleres y estancias de un centro de rehabilitación para la drogadicción; una comuna, remanente de una utopía secular de los años sesenta como Synanon, en la que los muebles de la Bauhaus conviven con escenarios propios del Tirol, todo ello fruto de las continuas mudanzas debido a la obra social que la institución realiza para recaudar fondos.

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