El
trabajo de Artur Barrio (Oporto, 1945), galardonado hoy con el Premio
Velázquez de Artes Plásticas, pudo verse en España en la exposición Eztetyka del Sueño, organizada por el Museo Reina Sofía en el marco del ciclo Versiones del Sur,
la gran revisión sobre el arte realizado en Suramérica que tuvo lugar
en Madrid en el invierno de 2000/2001. Recordarán los que asistieran a
la colectiva del Palacio de Velázquez una gran sala fuertemente
iluminada y cubierta de sal por la que, el día de la inauguración,
transitaba un ciclista con una bicicleta sin llantas. Era un trabajo que
se inscribía en su serie de obras llamada Situação, una de las más conocidas y aplaudidas del artista.En la década de los setenta, la producción de Barrio asumió
los lenguajes conceptuales, ya sabemos, la discusión sobre la
materialidad de la obra, su condición efímera, su carácter exclusivo al
tratarse de algo supuestamente elitista… Artur
Barrio comienza a utilizar materiales humildes en oposición a la
tradición milenaria de utilizar materiales nobles como el mármol o el
bronce. Tampoco escapaba a su crítica el uso del lienzo como soporte. La
idea era comprobar cómo la obra de arte tenía una duración limitada,
una vida corta. Materiales de desecho como maderas y ramas comenzaron a
formar parte de su quehacer cotidiano y en 1969 escribió un manifiesto
en el que ensalzaba la creación artística con este tipo de material como
parte de una postura asumida desde una ética-éstética del Tercer Mundo.Pero no sólo se trataba de operar con materiales deleznables (a veces también utilizaba comida, como muestra el Livro de Carne, 1978-79) sino que también tendía a utilizar la fotografía y el vídeo como herramientas que insistían, por un lado, en su capacidad de documentar y registrar, poniendo
así en cuestionamiento la naturaleza tradicional de la obra de arte,
concebida como el final de un trayecto tras un arduo proceso creador; y, por otro, su condición material, su fisicidad.
La idea era la de incidir en esa naturaleza documental o de registro,
que debía siempre mantenerse como tal y no permitir que en modo alguno
pudieran ser consideradas como hecho artístico, como obras de arte.El carácter conceptual de la obra de Barrio está vertebrado por un inquebrantable compromiso político.
En el año 1970, durante uno de los periodos de represión más
sangrientos que se recuerdan en Río de Janeiro, Barrio diseminó bultos
de basura con sangre seca que contenían vísceras, heces, orina o saliva.
Estos bultos sangrientos eran modelados para que parecieran partes de
cuerpos humanos. El estado de putrefacción de estas bolsas hacía de
ellas algo opuesto a lo que entendemos por obra de arte que uno
contempla desde una suerte de extatismo. Eran, al contrario, algo
decididamente nauseabundo. Este fue el tipo de trabajo que Artur Barrio
desarrolló durante toda la década de los setenta. Interviniendo
el espacio público y utilizando materiales viscerales el artista trataba
de crear un contexto en el que la gente fuera consciente del problema
en el tercer mundo. De esta idea derivaron otras como su famoso Livro de Carne
con el que Barrio antepone el conocimiento fenomenológico al
cartesiano, la experiencia que otorga la vida a la rigidez de la teoría.(Javier HONTORIA)
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