"La única espontaneidad consiste en provocar un encuentro original"
Gabriel Orozco(1962) pertenece a la última
generación de artistas surgida en el siglo XX. Su obra se ubica en esa
zona de completa accesibilidad, como la describía el artista brasileño
Hélio Oiticica, en la que nadie "se siente constreñido por estar en
presencia del arte [porque] se trata de las 'cosas' que vemos todos los
días sin de veras mirarlas". "Una especie de comunión con el ambiente"
o, según diría el propio Orozco, la vida cotidiana vista como un
"proceso funcional", en el cual el artista deja de ser un creador de
formas inéditas para volverse una suerte de "desestabilizador" de la
identidad de los objetos cotidianos, que al ser en alguna medida
intervenidos, toman nuevos y movedizos sentidos."Creo que he logrado que nadie espere nada en particular de mí. Eso me ha permitido concentrarme en lo que quiero hacer, disfrutar los riesgos artísticos que corro, y al mismo tiempo lograr cierta complicidad con la gente que goza viendo cómo me meto en problemas, incluso pictóricos, aparentemente irresolubles y sin futuro evidente. La decepción ha sido un modo de generar un impasse o una limpieza en mi ego y en el del espectador. Yo no creo que exista un público “verdadero” como sugiere Duchamp. El público es una conjetura generada por la obra de arte, que es la que también convierte temporalmente a ciertos individuos en creadores de eso nuevo que acaban de experimentar o entender. La percepción de una obra de arte cambia todo el tiempo, y no hay garantía de que en cincuenta años la gente va a entender mejor el trabajo de un artista."

Desde mediados de la década de 1990 se le consideraba el
más significativo e indefinible renovador, y corroboraba lo atrevido de
sus ideas cada vez que exponía, por ejemplo, una caja de zapatos. “Una
cosa vacía de significado, recipiente de polvo y caja de la nada”,
decía. A los comentarios más hostiles, entre el alud de críticas que
recibía, respondía: “Sí, cualquiera pudo hacerlo, pero yo tuve los
huevos”.
Por contra, respaldaba con impresionante
prueba fotográfica la concentración y minuciosidad que requerían muchos
de sus trabajos. Por ejemplo, en Black Kites, una calavera que en
1997 cubrió con franjas entrecruzadas hasta formar un ajedrez
desfigurado. Orozco decía dibujar así en la tercera dimensión. Cuando
salía a la calle no llevaba ni una cámara, pero con su método de trabajo
quería “generar un espacio de resignificación o dislocación y
reconsideración” de su entorno.
Buena parte de la originalidad y el eclecticismo que caracterizaban su
obra, y de las que se preciaba, provenía del rescate y la exploración de
los objetos y materiales más dispares. Muchos de ellos iban de la calle
a su taller y de ahí a un museo. Entre sus creaciones se encontraban
innumerables piezas perdidas, residuos urbanos, materiales efímeros y
otros testimonios de la industria y el consumo.
Con respecto al comisario o curador en su opinión, "el artista necesita de ese comisario conciencia y
espejo, que le ayude a descubrir lo que él mismo no ve en su obra”
Comentarios