25 oct. 2011

Gabriel Orozco

"La única espontaneidad consiste en provocar un encuentro original"
Gabriel Orozco(1962) pertenece a la última generación de artistas surgida en el siglo XX. Su obra se ubica en esa zona de completa accesibilidad, como la describía el artista brasileño Hélio Oiticica, en la que nadie "se siente constreñido por estar en presencia del arte [porque] se trata de las 'cosas' que vemos todos los días sin de veras mirarlas". "Una especie de comunión con el ambiente" o, según diría el propio Orozco, la vida cotidiana vista como un "proceso funcional", en el cual el artista deja de ser un creador de formas inéditas para volverse una suerte de "desestabilizador" de la identidad de los objetos cotidianos, que al ser en alguna medida intervenidos, toman nuevos y movedizos sentidos.








 "Creo que he logrado que nadie espere nada en particular de mí. Eso me ha permitido concentrarme en lo que quiero hacer, disfrutar los riesgos artísticos que corro, y al mismo tiempo lograr cierta complicidad con la gente que goza viendo cómo me meto en problemas, incluso pictóricos, aparentemente irresolubles y sin futuro evidente. La decepción ha sido un modo de generar un impasse o una limpieza en mi ego y en el del espectador. Yo no creo que exista un público “verdadero” como sugiere Duchamp. El público es una conjetura generada por la obra de arte, que es la que también convierte temporalmente a ciertos individuos en creadores de eso nuevo que acaban de experimentar o entender. La percepción de una obra de arte cambia todo el tiempo, y no hay garantía de que en cincuenta años la gente va a entender mejor el trabajo de un artista."

Es un artista mexicano nacido en Xalapa, Veracruz autor de una obra amplia y polivalente que abarca desde la escultura hasta las instalaciones espontáneas, pasando por la fotografía, el vídeo, el dibujo y el arte-objeto.

Desde mediados de la década de 1990 se le consideraba el más significativo e indefinible renovador, y corroboraba lo atrevido de sus ideas cada vez que exponía, por ejemplo, una caja de zapatos. “Una cosa vacía de significado, recipiente de polvo y caja de la nada”, decía. A los comentarios más hostiles, entre el alud de críticas que recibía, respondía: “Sí, cualquiera pudo hacerlo, pero yo tuve los huevos”.
Por contra, respaldaba con impresionante prueba fotográfica la concentración y minuciosidad que requerían muchos de sus trabajos. Por ejemplo, en Black Kites, una calavera que en 1997 cubrió con franjas entrecruzadas hasta formar un ajedrez desfigurado. Orozco decía dibujar así en la tercera dimensión. Cuando salía a la calle no llevaba ni una cámara, pero con su método de trabajo quería “generar un espacio de resignificación o dislocación y reconsideración” de su entorno.
Buena parte de la originalidad y el eclecticismo que caracterizaban su obra, y de las que se preciaba, provenía del rescate y la exploración de los objetos y materiales más dispares. Muchos de ellos iban de la calle a su taller y de ahí a un museo. Entre sus creaciones se encontraban innumerables piezas perdidas, residuos urbanos, materiales efímeros y otros testimonios de la industria y el consumo.

Con respecto al comisario o curador en su opinión, "el artista necesita de ese comisario conciencia y espejo, que le ayude a descubrir lo que él mismo no ve en su obra” 

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