Angel Marcos (España, 1955) se dedicó exclusivamente a la fotografía
editorial y publicitaria hasta 1992, año en que recibe un encargo
fotográfico para retratar el Teatro Calderón en Valladolid, lo que le
permitió realizar un trabajo más personal y menos formal.
A
partir de entonces se replanteó su carrera y empezó una trilogía que
muestra el poder imperante y la realidad social de las ciudades.
En Alrededor del sueño
(2001), Marcos contrasta eslóganes publicitarios de los alrededores de
Manhattan, que simbolizan la idea del deseo contenido, con cúmulos de
basura y vagabundos, para llegar a reflexionar sobre historias vitales
de fracaso y frustración. Nos sitúa delante de lo cotidiano, haciéndonos
reflexionar sobre nuestra propia condición.
Los logotipos y mensajes ligados al mundo del consumo son sustituidos por iconos y lemas de la revolución en el su proyecto En Cuba (2004-06).
Ángel Marcos nos retituye la arquitectura de una ciudad cuyas fachadas,
como en un decorado teatral, nos remiten a una ciudad fantasma.
Finalmente su proyecto China (2007) retrata la singularidad del régimen comunista y su reciente apertura al mercado capitalista.
Ángel Marcos- Mi comienzo fue totalmente casual, como
no había escuelas que enseñaran fotografía, tuve que aprender solo,
experimentando mucho y con algunos libros de iniciación que me
sirvieron para mis primeros pasos. Esto en cuanto a técnica, claro. En
cuanto al lenguaje y conceptos de la imagen todo fue más dificil, más
largo de aprender, posiblemente ha propiciado que haya podido generar un
lenguaje bastante propio.
No había en España, en los ambientes
fotográficos cuando yo comenzaba en la fotografía, una idea clara de lo
que la fotografía significaba, tampoco se separaban los campos de
aplicaciones de esta técnica, por lo que el análisis de la aplicación de
la imagen era bastante inútil y sobre todo confuso.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
AM- He terminado recientemente un vídeo llamado Jilguero, he montado en la X Bienal de La Habana un proyecto llamado La mar negra una gran instalación, y ahora estoy preparando las próximas ferias y exposiciones, también documentando todo mi trabajo antes de empezar un nuevo proyecto.


Así, al modo de la tesis conductista del científico ruso Paulov, el
jilguero, para no morir de sed, lleva a cabo esa práctica que, recogida
en esta cinta por Ángel que, consigue
mostrar "una metáfora de la necesidad de esclavizar, de ser esclavos y
esclavizados" en la sociedad.
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