Benjamín Domínguez Barrera nació en la ciudad de Jiménez, Chihuahua en
1942. En dicha población el adolescente Benjamín conoció a una señora
que pintaba al óleo, Doña Carolina Estavillo. Esta amistad fue muy
fructífera. Platicaban de las obras maestras del arte universal y
ampliaban sus conocimientos con las imágenes de cerillos clásicos.
Benjamín aprendió a dibujar y a manejar algunos colores. El cine de la
localidad le hizo algunos encargos para promocionar algunas películas.
El destino de aquel joven ya estaba decidido, viajaría a la ciudad de
México para convertirse en todo un pintor profesional.
“La mayoría de los creadores hacemos las mismas figuras en nuestros trabajos. Podemos tardarnos mucho tiempo en encontrar esa forma que nos llame la atención. Cuando la hallamos, no nos despegamos de ella”, asegura.
Añade que retoma frecuentemente las series de poemas sobre “Ángeles” de Rafael Alberti y la de “Los hombres miran” de Mario Benedetti, pues en ellas se puede ver lo peor o lo mejor de los seres humanos. “A mí me gusta mezclar
ambos elementos”.
Primero se empezó a dar a conocer por las monjas floridas, luego con
las alacenas y en 1985 llegó la serie dedicada al matrimonio Arnolfini.
Teresa del Conde valoró aquellas obras y las programó para exhibirlas en
el Palacio de Bellas Artes.
A partir de aquella fecha el pintor chihuahuense participa en
diversas exposiciones realizadas en galerías, museos y centros
culturales en México y el extranjero.
En sus obras sobresalen seres extraños con peculiar vestuario
realizando rituales mágicos; así como ángeles en bicicleta, volando
papalotes por las orillas del mar.
El pasado presente parece mezclarse sin ningún problema. En la
actualidad Benjamín Domínguez es uno de los pocos pintores que por su
virtuosismo y conocimiento de las antiguas técnicas se considera
heredero de la tradición pictórica mexicana.aqui sus obras
“La mayoría de los creadores hacemos las mismas figuras en nuestros trabajos. Podemos tardarnos mucho tiempo en encontrar esa forma que nos llame la atención. Cuando la hallamos, no nos despegamos de ella”, asegura.
Añade que retoma frecuentemente las series de poemas sobre “Ángeles” de Rafael Alberti y la de “Los hombres miran” de Mario Benedetti, pues en ellas se puede ver lo peor o lo mejor de los seres humanos. “A mí me gusta mezclar

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