Gema Álava, nacida en Madrid en 1973, es una anomalía en el atrevido mundo
del arte neoyorquino
Nacida en España y educada en Madrid, Londres y
San Francisco, representa la nueva perspectiva global que se ha hecho
evidente en gran parte del arte actual. Brillante en dibujo y sumamente
ingeniosa en sus proyectos artísticos, especialmente los de sus performances,
Álava capitanea una perspectiva internacional que la separa tanto de la
estética europea en general como de la española en particular. En lugar
de observar cuánto tiene de española -actividad cada vez más inútil en
el mundo del arte de hoy en día—, es mejor verla como un ejemplar global
de la nueva era de creación-de-imágenes, donde la inteligencia
conceptual detrás de la imagen o la performance llega a ser tan
importante como la obra en sí. La originalidad de sus obras
protege su sensibilidad: la leve idiosincrasia inherente a sus proyectos
sirve para protegerla de la uniformidad genérica que aflige a gran
parte del arte contemporáneo, sin importarnos de dónde venga.
La visión de Álava es profundamente personal, permitiéndole definir sus
intereses desde el punto de vista de su propia vida imaginativa y
emotiva. Sus dibujos sugieren esperanza en lugares oscuros, mientras que
sus performances, a veces irreverentes, demuestran su
conocimiento del mundo del arte y de la conexión que se establece entre
la audiencia y una imagen determinada.
Parte de su poder reside precisamente en una estrecha conexión con el verbo. En su perfil artístico hay algo de narradora. Como cuando en el año 2000 tejió una especie de colcha con lo que parecían cartas de amor cosidas entre sí, lo cual mereció bufidos de desprecio de algunos modernos de fregadero…hasta que se dieron cuenta de que las supuestas cartas amorosas eran en realidad cartas comerciales, algunas muy desagradables además. El sentido de la obra variaba así por completo
EL proyecto Find Me (Encuéntrame)
del año 2009: Álava pidió a varios artistas, algunos de ellos muy
conocidos, que le cedieran piezas de arte que ella escondería en
localizaciones secretas de Nueva York y San Francisco. Así diseminó
obras de Robert Ryman, Lawrence Weiner, Paul Kos, Ester Partegàs,
etc. Algunas de esas obras (por ejemplo pegatinas camufladas junto a
los avisos de las tiendas de que aceptan el pago con tarjetas de
crédito; o una obra de arte comestible; o una instalación escultórica)
se han esfumado, fagocitadas naturalmente por el entorno. Otras siguen
donde Gema Álava las dejó y sólo ella y el creador de la pieza saben.
Aunque existe un inventario de todas las piezas y de su ubicación en la
Biblioteca Pública de San Francisco. Gema Álava lo deslizó en un estante
con el máximo sigilo.
Entrevista con Gema Alava AQUI

Parte de su poder reside precisamente en una estrecha conexión con el verbo. En su perfil artístico hay algo de narradora. Como cuando en el año 2000 tejió una especie de colcha con lo que parecían cartas de amor cosidas entre sí, lo cual mereció bufidos de desprecio de algunos modernos de fregadero…hasta que se dieron cuenta de que las supuestas cartas amorosas eran en realidad cartas comerciales, algunas muy desagradables además. El sentido de la obra variaba así por completo
En 2010 llegó Trust Me (Confía en Mí). Esta
vez Álava reclutó a once personas, en su mayoría artistas o críticos de
arte, que durante una única jornada maratoniana del mes de abril
aceptaron visitar por turnos un museo a ciegas, con los
ojos cubiertos por unas gafas oscuras diseñadas expresamente para la
ocasión. Gema Álava les guiaba y les describía una obra de arte -para
todos la misma- mientras el fotógrafo Jason Schmidt tomaba imágenes de
todo el proceso, que en total duró nueve horas. Seis meses después Álava
reunió a todos los participantes en su experimento en el Instituto
Cervantes de Nueva York, donde pusieron en común sus intensas
experiencias. En un mundo enloquecidamente emisor donde
nadie parece tener tiempo de escuchar ni de mirar realmente a nadie,
Gema Álava tiende agarraderos y puentes. “Me fascina ver la reacción de
personas que no se consideran familiarizadas con el arte, que creen que no entienden de arte“, subraya, lúcida.
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