16 x 20 Inches , oil, acrylic, mixed media and paper collage on canvas Sold click on image to enlarge
Marcel Dzama nacido en 1974 en Winnipeg , Manitoba , Canadá ) es un artista contemporáneo que vive y trabaja en Nueva York . Su trabajo ha sido expuesto a nivel internacional, en particular, su tinta y acuarelas. Sus dibujos a lápiz y tinta de humanos, animales e híbridos (en
ocasiones ha sido tildado de rarito y zoofílico) se han convertido en un
codiciado objeto de deseo entre coleccionistas del arte contemporáneo.
Su universo, maliciosamente infantil, está repleto de robots con piernas
de humanos, animalitos, ceremonias, alegorías, sangre, sexo sin tabues,
balas, flechas, batallas, miedo… Dzama se ha convertido en el perfecto
aladid del nuevo romanticismo.
Marcel Dzama tiene siempre un cuaderno en la mesita de noche, para
anotar las ideas que le surgen con el sueño. “De día, dibujo”, dice,
“pero las ideas se me ocurren de noche.” Los dibujos, pinturas, música,
vídeo y esculturas de Dzama se originen en su mente cuando duerme —en un
mundo poblado de niños-murciélagos, vampiros, damiselas afligidas, osos
perplejos, árboles que andan y cowboys descarnados. Primero había
utilizado The Lotus Eaters (Los devoradores de loto) como
título de una canción. “Me gusta”, dice, “por los temas que aborda la
historia original de sueño y olvido.”
En la Odisea de Homero,
Ulises y sus hombres se ven arrastrados por una tempestad hasta las
actuales costas de Libia, y los habitantes del país les ofrecen su
alimento básico, la flor del loto. Los hombres que comen esa flor se
vuelven soñadores, indolentes y olvidadizos. Ya no se preocupan de su
hogar, sus familias o la misión que deben cumplir; simplemente, se
niegan a moverse. Ulises tiene que arrastrarlos a la fuerza para que
vuelvan al barco y encadenarlos a los bancos de remo. La historia es una
metáfora fantástica de la experiencia cotidiana de rescatar la mente de
la indolencia y el olvido del sueño. La mente despierta, con las
expectativas racionales y la rigidez de los límites de la realidad,
ofrece otra clase de olvido. La obra de Dzama invita a la mente
despierta a revisitar las imágenes fragmentarias y las emociones
trastocadas que sólo podemos experimentar más allá del umbral de la
conciencia.Algunas de las criaturas fantásticas de Dzama
han sido rescatadas intactas de los cuadros del Bosco; su interés en la
espontaneidad colectiva tiene claras reminiscencias de Fluxus; el ingenio que
subraya sus imágenes más violentas tiene resonancias de Burns;
los trazos gruesos y marcados y la representación estilocómic de
temas inquietantes recuerda tanto a PiL como a Captain America. Dzama le dijo una vez a un entrevistador que le gustaba dibujar al Hombre de Hojalata del Mago de Oz “porque no tenía remordimientos, precisamente porque carecía de corazón”. La acción del Mago de Oz
se desarrolla en el mundo de los sueños de Dorothy (o Dorita). Si la
obra de Dzama sugiere una lógica onírica, el corazón que le falta al
Hombre de Hojalata es una clave para revelar por qué este mundo es tan
sorprendente. Un hombre hecho de hojalata es original, pero un hombre
sin corazón plantea la clase de pregunta que la obra de Dzama aborda
constantemente:
¿Cómo puede comportarse un
hombre sin corazón? Respuesta de Dzama: sin remordimientos. Como en un
sueño, el juicio está ausente de la escenificación que Dzama hace de
estas figuras. El Hombre de Hojalata no tiene remordimientos, no porque
sea una mala persona, sino simplemente, porque los hombres de
hojalata sin corazón no tienen remordimientos. Los fragmentos de la
narrativa de Dzama son visualmente fascinantes, en parte porque la
interacción de los seres originales con las disposiciones no-humanas
condensa las acciones y las emociones que de otro modo parecerían
incompatibles. En su obra, Dzama desfigura la acción y la emoción, crea
escenarios donde los personajes y las criaturas que inventa responden
unos a los otros de formas inesperadas. Un grupo de árboles que abducen a
una chica vestida con elegancia son bastante sorprendentes, pero cuando
descubrimos que la cara de los abductores expresa perplejidad mientras
que, en cambio, la abducida parece despreocupada, los espectadores
tenemos que adaptar nuestras ideas preconcebidas y aceptar la dinámica
emocional sesgada del mundo visual de Dzama con sus propios términos.
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