3 may. 2012

Marcel Dzama

16 x 20 Inches  , oil, acrylic, mixed media and paper collage on canvas  Sold  click on image to enlarge   
Marcel Dzama nacido en 1974 en Winnipeg , Manitoba , Canadá ) es un artista contemporáneo que vive y trabaja en Nueva York . Su trabajo ha sido expuesto a nivel internacional, en particular, su tinta y acuarelas.
 Sus dibujos a lápiz y tinta de humanos, animales e híbridos (en ocasiones ha sido tildado de rarito y zoofílico) se han convertido en un codiciado objeto de deseo entre coleccionistas del arte contemporáneo. Su universo, maliciosamente infantil, está repleto de robots con piernas de humanos, animalitos, ceremonias, alegorías, sangre, sexo sin tabues, balas, flechas, batallas, miedo… Dzama se ha convertido en el perfecto aladid del nuevo romanticismo.


Marcel Dzama tiene siempre un cuaderno en la mesita de noche, para anotar las ideas que le surgen con el sueño. “De día, dibujo”, dice, “pero las ideas se me ocurren de noche.” Los dibujos, pinturas, música, vídeo y esculturas de Dzama se originen en su mente cuando duerme —en un mundo poblado de niños-murciélagos, vampiros, damiselas afligidas, osos perplejos, árboles que andan y cowboys descarnados. Primero había utilizado The Lotus Eaters (Los devoradores de loto) como título de una canción. “Me gusta”, dice, “por los temas que aborda la historia original de sueño y olvido.”
 En la Odisea de Homero, Ulises y sus hombres se ven arrastrados por una tempestad hasta las actuales costas de Libia, y los habitantes del país les ofrecen su alimento básico, la flor del loto. Los hombres que comen esa flor se vuelven soñadores, indolentes y olvidadizos. Ya no se preocupan de su hogar, sus familias o la misión que deben cumplir; simplemente, se niegan a moverse. Ulises tiene que arrastrarlos a la fuerza para que vuelvan al barco y encadenarlos a los bancos de remo. La historia es una metáfora fantástica de la experiencia cotidiana de rescatar la mente de la indolencia y el olvido del sueño. La mente despierta, con las expectativas racionales y la rigidez de los límites de la realidad, ofrece otra clase de olvido. La obra de Dzama invita a la mente despierta a revisitar las imágenes fragmentarias y las emociones trastocadas que sólo podemos experimentar más allá del umbral de la conciencia.Algunas de las criaturas fantásticas de Dzama han sido rescatadas intactas de los cuadros del Bosco; su interés en la espontaneidad colectiva tiene claras reminiscencias de Fluxus; el ingenio que subraya sus imágenes más violentas tiene resonancias de Burns; los trazos gruesos y marcados y la representación estilocómic de temas inquietantes recuerda tanto a PiL como a Captain America. Dzama le dijo una vez a un entrevistador que le gustaba dibujar al Hombre de Hojalata del Mago de Oz “porque no tenía remordimientos, precisamente porque carecía de corazón”. La acción del Mago de Oz se desarrolla en el mundo de los sueños de Dorothy (o Dorita). Si la obra de Dzama sugiere una lógica onírica, el corazón que le falta al Hombre de Hojalata es una clave para revelar por qué este mundo es tan sorprendente. Un hombre hecho de hojalata es original, pero un hombre sin corazón plantea la clase de pregunta que la obra de Dzama aborda constantemente:

¿Cómo puede comportarse un hombre sin corazón? Respuesta de Dzama: sin remordimientos. Como en un sueño, el juicio está ausente de la escenificación que Dzama hace de estas figuras. El Hombre de Hojalata no tiene remordimientos, no porque sea una mala persona, sino simplemente, porque los hombres de hojalata sin corazón no tienen remordimientos. Los fragmentos de la narrativa de Dzama son visualmente fascinantes, en parte porque la interacción de los seres originales con las disposiciones no-humanas condensa las acciones y las emociones que de otro modo parecerían incompatibles. En su obra, Dzama desfigura la acción y la emoción, crea escenarios donde los personajes y las criaturas que inventa responden unos a los otros de formas inesperadas. Un grupo de árboles que abducen a una chica vestida con elegancia son bastante sorprendentes, pero cuando descubrimos que la cara de los abductores expresa perplejidad mientras que, en cambio, la abducida parece despreocupada, los espectadores tenemos que adaptar nuestras ideas preconcebidas y aceptar la dinámica emocional sesgada del mundo visual de Dzama con sus propios términos.

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