
::"la dama y el caballero, la extraña artista amiga de romper códigos y el viejo maldito. Y le hablaron también a América, y levantaron versos de un mundo que se precipita en la decadencia, y señalaron a ese imperio que ha dispuesto ya la cuerda para cuando le toque ahorcarse. La megalomanía de un país lleno de expertos que resuelven problemas (y que no resuelven ninguno importante) y el trazo crepuscular de unas ciudades lúgubres por las que vagan los desheredados que habitan las alcantarillas. Laurie Anderson estaba en lo suyo: creación de atmósferas un tanto asfixiantes, sobre las que su violín enhebra pinceladas líricas y algunos lamentos, mientras recita esos textos desgarrados y críticos como letanías, siempre a través de una voz deformada electrónicamente (demasiado grave, demasiado aguda). Lou Reed estuvo también en alguno de los episodios suyos. Esas masas de sonido, servidas como láminas de acero crudas y repetitivas, recordaban algunas sesiones interminables de la Velvet Underground improvisando en la Factory mientras Warhol filmaba esa pesadilla con abundancia de planos fijos. El tiempo detenido, y una extremada lentitud para derramar los versos furibundos y extraños, doloridos, de quienes se sienten rotos en los baches de la historia."(J.A.Rojo)
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