27 ago. 2011

Lili Dujourie






Lili Dujourie nació en Roeslaare, Bélgica, en 1941. Actualmente vive y trabaja en Lovendegem, cerca de Gante. Su trabajo ha sido exhibido ampliamente desde finales de los años setenta. Entre las exposiciones recientes en las que ha participado, destacan: la Bienal de Sharjah (2009); WACK! Art and the Feminist Revolution, en PS1, Nueva York/MoCA, Los Ángeles (2008); la Bienal de Gwanju, Corea del Sur (2008) y Documenta 12, Kassel (2007). En 2005, una gran retrospectiva de su trabajo fue presentada en el Palais des Beaux Arts en Bruselas.
Entroncada en la tradición de los primitivos flamencos, la obra de Lili Dujourie establece un vínculo intelectual y sensorial con el espectador, al tiempo que propone una reflexión crítica sobre categorías y nociones específicas de la historia del arte. En sus trabajos, Dujourie juega con la sensualidad e inmediatez de los materiales, remarca la teatralidad de la obra artística (su dimensión escenográfica y procesual), indaga en la relación entre naturaleza y cultura o sitúa lo decorativo y ornamental en un lugar central. Sus vídeos, dibujos, instalaciones y esculturas hablan del paso (y del peso) del tiempo y se mueven entre lo figurativo y lo abstracto, generando una cierta sensación de melancolía y buscando una comprensión emocional del espacio.
En la galería, Lili Dujourie ha instalado obras de dos series diferentes. Initialen der stilte son un conjunto de piezas escultóricas compuestas por objetos de arcilla que se colocan sobre el fino tablero de una mesa y que evocan formas orgánicas (hojas, huesos, raíces…). Se pueden describir como “naturalezas muertas” en las que hay una voluntad de despojamiento (de vuelta a los orígenes) y se lleva a cabo una reflexión poética sobre el tiempo y la memoria. La segunda serie, creada expresamente para la exposición, son pequeñas esculturas de papel maché que se inspiran en flores que se cultivan en Europa desde la Antigüedad clásica por sus propiedades medicinales. Dujourie toma como referencia la parte de las mismas que se utiliza en la farmacopea herbaria y recuerda que en la Edad Media los monasterios, como el de Silos, fueron los custodios de este saber tradicional, un aspecto de su historia a menudo ignorado.

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